Los doce días de navidad (VI)
Al fin que ni quería.
Hace unos días mi mamá compró de esa carne de navidad que venden en el centro comercial, ya preparada.
La verdad ni se me antojaba, tenía una pinta nada agradable.
Después de que insistió mucho finalmente acpté comerme lo que me había servido y no sabía tan mal.
Ya estaba yo muy animada comiendo y me encontré con una cosa pequeña y ovoide partida por la mitad.
-Es una almendra, cómetela!
Miré la almendra y la agarré con los dedos para asegurarme de que era una almendra.
-Está aguada... no es una almendra!
-Qué sí! cómetela!
-No qué asco!!!
-Cómetela!!
-No huele a almendra!!!
-Cómetela, deja de olerla!!!
-Nooo!!! Noooo!!!!
-COMETELA!!!!!!!!!
Entre que me la comía y no me la comía, la pelusa llegó y se sentó junto a mi, mirando atentamente mis dedos con la almendra de la discordia.
-No me como esto, quien sabe que rayos es!!
-Es una almendra!!!
-Está bien, pero solamente la probaré un poco...
Ya me acercaba la almendra a la boca cuando cae gracilmente al suelo, justo frente a las patitas esponjosas de la pelusa.
Obviamente no esperó ni medio segundo y se la comió de un bocado.
-Te dije que te la comieras.
-Ash, al fin que ni quería.
Me indigné y terminé de comer la carne y las pasas.
Y la verdad, si me quedé con el antojo de esa almendra aguada, jajaja...
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