El soundtrack de una vida (Track 3)
Track 3
Bitter Sweet symphony- The Verve
Todos pasamos por esa edad difícil en la que no sabemos quienes somos.
O más bien, esa edad difícil en la que somos todo, menos nosotros mismos.
Así llegué yo a los quince años, sin conocer el mundo y haber estado siempre rodeada por la mismas personas. Todas eran iguales, unas y otras apreciaban la misma música, las mismas actividades, la misma monotonía; las mismas cosas de las que yo estaba aburrida.
Salir de la secundaria y entrar al medio superior fue una auténtica aventura, cosas, gente, lugares nuevos. No sabía exactamente lo que iba a tener pronto frente a mí y ahora creo que ni siquiera conocía la verdadera magnitud de lo que estaba por venir.
Siempre he sido algo torpe, es algo que sabe toda la gente que me conoce y definitivamente aquél que no lo acepte, no es digno de mi compañía.
Por aquél entonces era más torpe aún y me dejaba impresionar con mucha facilidad, así que me uní a la gente a la que estaba acostumbrada y regresé a la vieja monotonía. Las mismas cosas, las mismas actividades...
No estaba tan mal, me gustaba, me divertía con mis compañeros. Sin embargo me había apartado d emi objetivo original: CONOCER MAS.
Y empecé a buscar.
Pero no afuera, sino dentro de mí.
Comencé a experimentar música nueva, para quienes no lo sepan, desde entonces soy amante del jazz y el big band, me introduje en la música clásica. Era cambiante, un día podía estar oyendo a Mozart y al día siguiente a Magö de Oz.
Mi personalidad mutante estuvo más activa que nunca, la gente no podía llegar a conocerme del todo y puedo decir con seguridad que mi inestabilidad fue lo que impidió que más de un puñado de personas se prendaran de mi.
El famoso "Por qué estás tan seria?" se volvió el pan de cada día y es que no siempre tenía ganas de reírme. Cuando no quiero, simplemente no lo hago.
Cuando no quiero callarme simplemente no me callo.
Así soy yo.
Confieso que, aún sin fiestas, sin borracheras, sin sexo, sin drogas, sin novio, tuve una adolescencia maravillosa, por que la viví conmigo misma, cambiando mi estado de ánimo y mis gustos a mi antojo, sin dejar que nadie interviniera en ello.
Creo que somos pocos los que podemos presumir algo así.
Y somos aún menos, los que podemos asegurar, que continuamos viviendo bajo los mismo lineamientos de aquélla vieja época.
Sí, la vida está compuesta de vivencia agridulces, y hay que saber saborearla.
Bitter Sweet symphony- The Verve
Todos pasamos por esa edad difícil en la que no sabemos quienes somos.
O más bien, esa edad difícil en la que somos todo, menos nosotros mismos.
Así llegué yo a los quince años, sin conocer el mundo y haber estado siempre rodeada por la mismas personas. Todas eran iguales, unas y otras apreciaban la misma música, las mismas actividades, la misma monotonía; las mismas cosas de las que yo estaba aburrida.
Salir de la secundaria y entrar al medio superior fue una auténtica aventura, cosas, gente, lugares nuevos. No sabía exactamente lo que iba a tener pronto frente a mí y ahora creo que ni siquiera conocía la verdadera magnitud de lo que estaba por venir.
Siempre he sido algo torpe, es algo que sabe toda la gente que me conoce y definitivamente aquél que no lo acepte, no es digno de mi compañía.
Por aquél entonces era más torpe aún y me dejaba impresionar con mucha facilidad, así que me uní a la gente a la que estaba acostumbrada y regresé a la vieja monotonía. Las mismas cosas, las mismas actividades...
No estaba tan mal, me gustaba, me divertía con mis compañeros. Sin embargo me había apartado d emi objetivo original: CONOCER MAS.
Y empecé a buscar.
Pero no afuera, sino dentro de mí.
Comencé a experimentar música nueva, para quienes no lo sepan, desde entonces soy amante del jazz y el big band, me introduje en la música clásica. Era cambiante, un día podía estar oyendo a Mozart y al día siguiente a Magö de Oz.
Mi personalidad mutante estuvo más activa que nunca, la gente no podía llegar a conocerme del todo y puedo decir con seguridad que mi inestabilidad fue lo que impidió que más de un puñado de personas se prendaran de mi.
El famoso "Por qué estás tan seria?" se volvió el pan de cada día y es que no siempre tenía ganas de reírme. Cuando no quiero, simplemente no lo hago.
Cuando no quiero callarme simplemente no me callo.
Así soy yo.
Confieso que, aún sin fiestas, sin borracheras, sin sexo, sin drogas, sin novio, tuve una adolescencia maravillosa, por que la viví conmigo misma, cambiando mi estado de ánimo y mis gustos a mi antojo, sin dejar que nadie interviniera en ello.
Creo que somos pocos los que podemos presumir algo así.
Y somos aún menos, los que podemos asegurar, que continuamos viviendo bajo los mismo lineamientos de aquélla vieja época.
Sí, la vida está compuesta de vivencia agridulces, y hay que saber saborearla.
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