Amigos de la infancia

Todos tenemos uno y no hablo precisamente de esa clase de amigos de la que he escrito hasta la muerte en este espacio.

Nah, hablo de los OTROS amigos, los que nos escuchan en silencio y -en algunos casos- nos acompañan en nuestros momentos más lacrimógenos, cuando alguien nos rompe el corazón, cuando _________ (inserte aquí alguna situación que produce tristeza y desemboca en soledad).

Sí, a ellos, a todos ellos que a través de sus ojitos de plástico o vidrio han estado atentos de cada movimiento que hacemos y de cada sonrisa o lágrima provocada por los cambios en la vida.

Aquí les presento a uno de mis amiguitos :)
Se llama Toribio, es un monedero, en realidad, me acompañó durante la secundaria y por medio de él me hice de amigos de los del otro tipo, jaja eso se puede malinterpretar, jaja lo sé...
Me lo regaló mi mamá cuando tenía 12 años, en mi santo y por aquél entonces yo era aficionada al basket  (en especial seguía a los Toros de Chicago) y ella lo compró pensando en eso... y en mi signo zodiacal, por supuesto, jeje.

En el transcurso de su vida sufrió varios arreglos y al día de hoy, está casi vacío (estaba lleno de unas bolitas de plástico que lo hacían muy pachoncito), pero sigue dando caña en éste mundo de los amigos felpudos :)

Gracias, Toribio, por todo el dinero que guardaste por mí y por todas las risas (y corajes) que -indirectamente- me provocaste aún en la niñez.

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